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Ven, Espíritu Creador,

visita las almas de tus fieles

y llena de la divina gracia los corazones,

que Tú mismo creaste.

Tú eres nuestro Consolador,

don de Dios Altísimo,

fuente viva, fuego, caridad

y espiritual unción.

Tú derramas sobre nosotros los siete dones;

Tu, el dedo de la mano de Dios;

Tú, el prometido del Padre;

Tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.

Enciende con tu luz nuestros sentidos;

infunde tu amor en nuestros corazones;

y, con tu perpetuo auxilio,

fortalece nuestra débil carne.

Aleja de nosotros al enemigo,

danos pronto la paz,

sé Tú mismo nuestro guía,

y puestos bajo tu dirección, evitaremos todo lo nocivo.

Por Ti conozcamos al Padre,

y también al Hijo;

y que en Ti, Espíritu de entrambos,

creamos en todo tiempo.

Gloria a Dios Padre,

y al Hijo que resucitó,

y al Espíritu Consolador,

por los siglos infinitos. Amén.

Maria, nuestra Madre, Inmaculada Concepción,

Esposa del Espíritu Santo

por quien el Padre ha dado su Hijo al mundo,

Puerta Viviente por donde vienen la Gracia y la Gloria

hasta nuestra carne,

Lugar Santo de la Alianza entre la tierra y el Cielo,

nosotros te aportamos nuestro deseo de corresponder a

nuestra vocación de hijos de Dios.

Enséñanos a escuchar la voz de Jesucristo y del Padre

que hablan en secreto a nuestro ser

y a vivir en el sentido y el impulso de sus inspiraciones.

Que nuestro ser completo reciba de Ti su forma realizada.

Sed nuestra inspiración, nuestro modelo y la casa

que habitamos.

Todo por ti, todo contigo, todo en ti, todo para ti.

Oh, María toda consagrada al Señor. Que de esta manera

se establezca para siempre sobre la humanidad y la creación

entera el Reino y la ternura eterna de Dios nuestro Padre. AMEN