El misterio de la Santísima Trinidad es el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Es, pues, la fuente de todos los otros misterios de la fe; es la luz que los ilumina. Es la enseñanza más fundamental y esencial en la “jerarquía de las verdades de fe” .”Toda la historia de la salvación no es otra cosa que la historia del camino y los medios por los cuales el Dios verdadero y único, Padre, Hijo y Espíritu Santo, se revela, reconcilia consigo a los hombres, apartados por el pecado, y se une con ellos” (CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA § 234)

El 15 de junio de 2014. El primer domingo después del Pentecostes, los cristianos celebran a Dios Amor. Un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tal es la Fe de la Iglesia proclamada cada domingo en el CREDO.

Oración a la Santísima Trinidad (Isabel de la Trinidad)

¡ Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro ! Ayudadme a olvidarme enteramente para establecerme en Vos, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Vos, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me haga penetrar más en la profundidad de vuestro misterio. Pacificad mi alma, haced de ella vuestro cielo, vuestra morada amada y el lugar de vuestro reposo. Que no os deje allí jamás solo, sino que esté allí toda entera, completamente despierta en mi fe, en adoración total, completamente entregada a vuestra acción creadora.

¡ Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para  vuestro   orazón ; quisiera cubriros de gloria, amaros… hasta morir de amor ! Pero siento mi impotencia y os pido os dignéis « revestirme de Vos mismo », identificad mi alma con todos los movimientos de la vuestra, sumergidme, invadidme, sustituidme, para que mi vida no sea más que una irradiación de vuestra vida. Venid a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador. ¡

¡ Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios ! quiero pasar mi vida escuchándoos, quiero hacerme dócil a vuestras enseñanzas, para aprenderlo todo de Vos. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero miraros siempre y permanecer bajo vuestra gran luz. ¡ Oh, Astro amado !, fascinadme para que no pueda ya salir de vuestra irradiación.

¡ Oh, Fuego consumidor, Espíritu de Amor, « descended a mí » para que se haga en mi alma como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El una humanidad complementaria en la que renueve todo su Misterio. Y Vos, ¡ oh Padre Eterno !, inclinaos hacia vuestra pequeña criatura, « cubridla con vuestra sombra », no veáis en ella más que al « Amado en quien Vos habéis puesto todas vuestras complacencias ».

¡ Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo ! yo me entrego a Vos como una presa. Encerraos en mí para que yo me encierre en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

21 de noviembre de 1904